Cigarro_4
Tengo poco claras las cosas y pocas cosas claras.
No voy a mentir. Pero si de una cosa estoy segura, era de que yo le había
querido más.
Yo sabía la forma de su rostro, su manera de
sonreír, la silueta de su nariz, de sus cejas y de sus labios. El color y la
dirección de su pelo.
Yo sabía las constelaciones que formaban sus
pecas. Las repasé tantas veces con los dedos y con los labios…
Vi el recorrido de sus lágrimas, y el de sus
risas también. Supe todas las arrugas de su frente y de sus comisuras. Aprendí
hasta el último gesto que hacían sus ojos para ocultarse del sol cuando daba de
cara. Y el movimiento de sus manos para apartarse el pelo de la cara cuando iba
despeinado.
Y quizá él también sabía todas aquellas cosas
suyas.
Pero lo que él nunca sabría era la belleza del
color de sus ojos. Él nunca entendería porqué los quise tanto. Me enamoré de la
manera en que me miraba, de la forma que tenía de verme. Pero también lo hice
de sus ojos cuando me observaba.
Era una mirada insondable, que parecía avizorar
mi alma en busca de algo escondido.
“¿Sabes que las pupilas se dilatan cuando vemos
algo que nos gusta?”
Sus pupilas se dilataban, sin duda. No sé si las
mías lo hacían, imagino que sí. Nos solíamos besar en la oscuridad. Evitábamos
la luz porque nuestra luz éramos nosotros mismo. Yo la suya y él la mía.
Y sé que suena poético hablar así de alguien tan
simple por fuera. Poco complejo hablando, poco rebuscado y muy poco observador.
¿Pero sabes qué? Él estaba roto, y eso le hacía dejar de ser simple, a veces.
No sé si alguna vez llegué a conocerlo, pero
volveré a imaginar que sí. Mi eterna curiosidad y necesidad de saberlo todo me
llevó a formular una pregunta varias veces: “¿hay algo que no me hayas contado
nunca?”. Y su respuesta fue siempre la misma: “no”.
Quizá sí haya cosas que no sabré nunca. Quizá
pretende quedarse roto para siempre. Por de pronto, nunca voy a saber qué pensó
cuando dije adiós y no quiso contestar.
Dicen que quien ríe último ríe mejor. Yo nunca
reí, pero tampoco estoy riendo ahora. Supongo que no hay “último” en algo que
no termina.
The xx.
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